—¿Con todas eres así? —no me lo preguntó de mala manera.
—Honestamente, no.
—Aún así, creo saber por qué te aman —arqueé una ceja, ¿ella me amaba? Porque era lo que deducía mi mente.
—¿Y por qué lo hacen? —ella regresó su mirada al mar.
—Tienes sentido del humor, eres caballero, sensible, no lo sé. Hay algo en ti que…
—¿Estás enamorada? —pregunté torpemente. Ella me miró asustada casi al instante.
—No, Justin —masculló—. Los amigos no se enamoran.
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